Temporada 2023 de ciclones tropicales en el Océano Pacífico: ¿quién fue el primero?

Ha iniciado la actividad de la temporada 2023 de ciclones tropicales en el Océano Pacífico oriental, frente a México. El 27 de junio se presentó la tormenta tropical Adrián con centro de circulación a 400 kilómetros al sur de la costa del estado de Colima. Más tarde como huracán Adrián mientras se desplazó al noroeste durante los siguientes 5 días en un proceso de intensificación limitado pues las condiciones ambientales en la atmósfera no fueron favorables. Casi a la vez ocurrió el siguiente ciclón tropical de la región: Beatriz que tuvo mayor cercanía (< 100 km) en los estados de la costa occidental en México e impactó con cantidades apreciables de lluvia acumulada. La figura 1 muestra las trayectorias tanto de Adrián como de Beatriz así como los pronósticos oficiales correspondientes que se emitieron en cada uno de ellos.

Figura 1. Trayectoria de los ciclones tropicales Adrián (rojo) y Beatriz (azul) que se presentaron entre el 25 de junio y 1 de julio 2023 en el Océano Pacífico. Las líneas gruesas representan la trayectoria estimada en tiempo real mientras que las líneas color rosa y azul claro son los pronósticos oficiales correspondientes. En el margen superior derecho, una imagen del satélite GOES-18 (30 de junio) con la distribución de nubosidad.

La figura 2 muestra un resumen de la distribución temporal y espacial de los primeros ciclones tropicales que ha habido durante los 58 años del periodo 1966–2023. La mayor parte (27, 46% del total) han ocurrido entre 15–31 de mayo mientras que otra parte importante (24, 41%) fue durante el mes de junio. Pero ninguno antes del 5 de mayo o después del 6 de julio.

¿Cómo se compara el 27 de junio de 2023 con las fechas en que otras temporadas iniciaron? Según el Centro Nacional de Huracanes “la formación de Adrián es la segunda más tardía en el Océano Pacífico, después de la tormenta tropical Agatha que inició en 2 de julio de 2016”. Agatha inició como depresión tropical (2-E) y un par de días después se convirtió en tormenta tropical. Desde 1966, se han utilizando nombres que inician con la letra “A” para los primeros ciclones de cada temporada y hasta la fecha Agatha se ha manejado 11 veces (1967, 1971, 1975, 1980, 1986, 1992, 1998, 2004, 2010, 2016 y 2022), Aletta 9, Andrés 8 y Adrián 7. Aparentemente, Agatha es un nombre de origen griego y significa mujer buena. Otros nombres que se han utilizado, también, aunque en menos oportunidades son Alma, Adele, Adolph, Alvin, Amanda, Annette y Ava.

La distribución espacial tiene varias particularidades: (1) Casi la mitad (49%) de los 58 primeros ciclones tropicales fueron entre 100–110°W que de forma aproximada es al sur de Guerrero, Michoacán, Colima, Jalisco, Nayarit y Sinaloa; en segundo lugar queda la región (90–100°W) al sur de Oaxaca, Chiapas y Guatemala; (2) El rango latitudes va desde 7.1°N hasta 16.6°N aunque la mayoría se concentran entre 10–15°N, la latitud promedio es 12.0°N como lo indica la estrella azul en la figura 2; (3) Las posiciones iniciales tienden a ocurrir dentro de una región oceánica con temperatura superficial mayor a 28°C y ninguno en lugares relativamente fríos (<26°C). Esto es consistente con la transferencia de energía, almacenada en el océano, y que es utilizada por los ciclones durante el proceso de formación e intensificación.

Figura 2. Posición inicial de 58 ciclones tropicales, en el Océano Pacífico oriental, que recibieron el primer nombre durante cada temporada desde 1966 a 2023; la estrella azul es la posición inicial promedio (1966–2022) mientras que la estrella roja representa el inicio de Adrian (2023). Se indica el porcentaje de posiciones en 5 bandas longitudinales. Los contornos punteados representan temperatura (promedio) de superficie del mar de 25 a 29°C para mayo 1966–2020. La topografía del terreno se indica con tonos sombreados. En el margen superior derecho, la distribución (periodos de 5–6 días) del primer ciclón tropical por temporada entre 1 de mayo y 10 de julio.

¿Qué pasó con los primeros ciclones de cada temporada?, ¿cómo fueron sus trayectorias e intensidades máximas? La figura 3 muestra todas las trayectorias con datos cada 6 horas. Varios aspectos relevantes: (1) El ciclón que más se ha acercado (275 km aproximadamente) a la península de Baja California fue Ava (1969) mientras que Adolph (1983) cruzó la costa de Sinaloa a pesar de haber iniciado muy al sur (7.1°N); (2) Tres ciclones entraron a Centro América: Alma (2008), Agatha (2010) y Amanda (2020); mientras que antes de 1966 ninguno lo hizo por esta región del continente; (3) Adrián (2023) se distingue por haber iniciado a más de 825 km de Cabo San Lucas y haberse mantenido entre 550–825 km durante su trayectoria hacia el noroeste. En cambio, Beatriz sí proporcionó lluvia moderada (150–200 mm) de forma más directa a estados del sur en México y menos al norte del país.

Figura 3. Trayectorias de 58 ciclones tropicales iniciales, en el Océano Pacífico oriental, durante las temporadas 1966–2022. Las líneas azules representan la trayectoria estimada por el Centro Nacional de Huracanes mientras que los puntos negros representan cada posición inicial; Adrián (2023) está representado por el punto y líneas rojas. Los círculos verdes son concéntricos desde Cabo San Lucas, Baja California Sur. En el margen superior derecho, la estimación de precipitación acumulada del Servicio Meteorológico Nacional asociada a Beatriz (29 de junio a 1 de julio, 2023).

Finalmente, un dato que con frecuencia es útil conocer se relaciona a la intensidad máxima que cada ciclón tropical logra alcanzar durante su ciclo de vida. De los 58 de interés, 29 alcanzaron la intensidad de tormenta tropical (63–119 km/h, viento máximo sostenido) mientras que 19 fueron huracanes moderados (categoría 1 o 2; 119–177 km/h) y 10 huracanes mayores (categoría 3, 4 o 5; > 178 km/h). El único huracán categoría 5 fue Ava, el 7 de junio de 1973, cuando se encontraba a 1,200 km al sur de Cabo San Lucas con viento de hasta 259 km/h.

Como parte de las tareas que se realizan en la unidad La Paz de CICESE, está el monitoreo de ciclones tropicales sobre el Océano Pacífico principalmente. Esto es el colaboración con del Departamento de Cómputo en Ensenada (Dirección de Telemática); el material gráfico se encuentra disponible de forma gratuita las 24 horas del día y 365 días del año en https://met-bcs.cicese.mx.

Presentan CEA estudio de CICESE sobre acuífero de El Carrizal

Con el objetivo de contar con información que permita generar proyectos para incrementar el volumen de agua subterránea con el que se abastece actualmente al acueducto La Paz-Carrizal, se realizó la presentación de estudio de actualización geohidrológica, ante el Consejo Consultivo de la de Comisión Estatal del Agua (CEA). 

Tatiana Davis Monzón, directora general de la CEA, señaló que este estudio fue solicitado por Organismo Operador Municipal del Sistema de Agua Potable, Alcantarillado y Saneamiento de La Paz (OOMSAPAS La Paz) y el Consejo de Cuenca de La Paz, para determinar la factibilidad de nuevos proyectos en la zona de El Carrizal.

La investigación, estuvo a cargo de los doctores Dana Carciumaru y Roberto Ortega, especialistas del Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada, Unidad La Paz, quienes por medio de las mediciones que realizaron, definen un área donde se podrán realizar exploraciones para valorar fuentes alternas de agua. 

En este encuentro participaron representantes de la UABCS, la Comisión Nacional del Agua, OOMSAPAS La Paz, CIBNOR, la asociación ACORA, Colectivo de Académicos Sudcalifornianos, Frente Ciudadano en Defensa del Agua, Asociación de Ingenieros Metalúrgicos y Geólogos de México, Protección Civil del municipio de La Paz, Como Vamos La Paz, Colegio de Ingenieros Civiles Siglo XXI, Niparajá, COTAS La Paz- El Carrizal, CANDEVI BCS y Conciencia México.

Fuente: https://sepuimm.bcs.gob.mx/presentan-cea-estudio-de-cicese-sobre-acuifero-de-el-carrizal/

Comision Estatal del Agua-CICESE,ULP

Interpretación cuña salina

La Comision Estatal del Agua (CEA) y CICESE iniciaron una colaboración academica para tener vinculacion a largo plazo. La CEA firmara un convenio general que permita participar a CICESE en la toma de decisiones como: localización de presas, modelado de cuencas y simulaciones de diversos escenarios.

El Ing. Julio Cesar Villareal Trasviña, director de la CEA y el Dr. Eduardo Palacios desean unir esfuerzos mediante convenios específicos y proyectos de colaboracion donde la CEA aportara el apoyo logístico y de ejecucion mientras que CICESE se encargara de los estudios científicos y de su análisis.

Esta afortunada combinacion, permitirá una vinculacion con los agentes de gobierno que toman decisiones y el ambito académico encargado de estudiar los fenomenos hidrológicos.

Este colaboracion es de suma importancia en un estado como Baja California Sur donde la escasez del agua, la sobreexplotacion de los acuíferos y la contaminacion de los mismos por la migracion de la cuña salina son problemas esenciales que se deben de resolver.

DESAPARICIÓN DEL GLACIAR “AYOLOCO”, UN EJEMPLO DE VARIABILIDAD CLIMÁTICA, CALENTAMIENTO GLOBAL Y CAMBIO CLIMÁTICO.

En colaboración con: Dr. Hugo Delgado Granados, Departamento de Vulcanología, Instituto de Geofísica, UNAM

Cuando hablamos de glaciares nuestro pensamiento se remonta a las grandes masas de hielo en los polos. Para los que gustamos de la montaña, la idea de un glaciar hace referencia a las travesías entre hielo y grietas sobre todo cuando pensamos en los largos glaciares de montaña de los Himalaya o las altas montañas en zonas tropicales como Ecuador, Bolivia y Perú. Pensar que en México existen o existían glaciares asombra a más de uno; incluso, colegas glaciólogos de otras latitudes no conciben la idea de que en una zona tan “cálida” como lo es México existan glaciares. Esto es un ejemplo de cómo la variabilidad climática de muy largo periodo (miles de años) permite la existencia de grandes masas de hielo en zonas donde las condiciones de temperatura (< 0 °C) y constante precipitación sólida que resulta en la acumulación de gruesas capas de nieve durante el Pleistoceno (el último avance glacial terminó hace aproximadamente 8,000 años) que se convirtieron en hielo de glaciar. El último avance glacial, que duro desde comienzos del siglo XIV hasta mediados del siglo XIX, con efectos notables en latitudes medias, fue conocido como La Pequeña Edad de Hielo. El último mínimo de temperatura reportado durante este periodo ocurrió en 1850, año en que los glaciares del volcán Iztaccíhuatl alcanzaron su última máxima extensión, 6.37 km2 (Figura 1) que incluyen al glaciar Ayoloco (Schneider et al., 2008)

Figura 1. Extensión y cambio de extensión de los glaciares en la superficie del volcán Iztaccíhuatl de 1850 a 2007.

De acuerdo con el glosario de términos del quinto reporte del Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC), el concepto de variabilidad climática hace referencia a las variaciones del estado medio y a otras características estadísticas (desviación típica, sucesos extremos, etc.) del clima en todas las escalas espaciales y temporales, más amplias que las de los fenómenos meteorológicos. Esta variabilidad puede deberse a procesos internos naturales del sistema climático (variabilidad interna) o a variaciones del forzamiento externo natural o antropógeno (variabilidad externa). En este sentido, el retroceso y desaparición de los glaciares en México tiene una componente inherentemente natural de la variabilidad climática, ya que nos ubicamos dentro de un periodo interglacial en el que las condiciones cálidas predominan y complican la permanencia de nieve y hielo sobre la superficie de los glaciares. Sin embargo, la componente del forzamiento externo antropógeno ha sido determinante en la desaparición de estos glaciares dada la tendencia acelerada de retroceso del límite inferior promedio de la cobertura de hielo (Figura 2). Tendencia que puede ser comparada con el desarrollo de grandes urbes (Ciudad de México, Cuernavaca, Ciudad Nezahualcóyotl, Puebla), la creciente emisión de gases de efecto invernadero o la caída de partículas y elementos químicos que alteren el albedo (capacidad de reflexión de la radiación solar) y la respuesta a la temperatura del aire en este glaciar.

Figura 2. Retroceso del frente glaciar promedio (límite de la cobertura de hielo) en el sistema de glaciares del volcán Iztaccíhuatl desde 1959 a 2012.

Hablando de la temperatura, el calentamiento en el sistema climático es inequívoco y, desde la década de 1950, muchos de los cambios observados no han tenido precedentes en los últimos decenios a milenios (observados o medidos de forma directa o indirecta). De acuerdo con los titulares emitidos para los tomadores de decisiones, a partir de las bases científicas documentadas en el quinto reporte del IPCC, la atmósfera y el océano se han calentado, los volúmenes de hielo y nieve han disminuido y el nivel del mar se ha elevado (link). Esto nos lleva a relacionar que el calentamiento global, está estrechamente ligado con la desaparición de los glaciares en México, particularmente el glaciar Ayoloco.

¿Y qué es el calentamiento global? Según el glosario de términos del IPCC, es el aumento estimado de la temperatura media global en superficie, promediada durante un periodo de 30 años, o durante el periodo de 30 años centrado en un año o decenio particular, expresado en relación con los niveles preindustriales, a menos que se especifique de otra manera. Se supone que dentro de estos periodos de 30 años el calentamiento sigue una tendencia multidecenal bien definida y que puede ser vista desde las observaciones. El retroceso y desaparición del glaciar Ayoloco (Figura 3) puede ser una medida indirecta del calentamiento global. Pues si la temperatura en superficie aumenta con una tendencia parecida a la del calentamiento global, la isoterma de los 0 °C, que define las condiciones de congelamiento, comenzará a desplazarse hacia altitudes más elevadas, dejando en pleno derretimiento las superficies de hielo y nieve. Esto sucedió en 2018, año en el que los investigadores de la UNAM que estudian el fenómeno consideraron extinto el glaciar Ayoloco. La isoterma 0 °C superó la altitud a la cual se encontraba la cabecera de este cuerpo de hielo, dejándolo sin las condiciones necesarias para la permanencia del mismo.

Figura 3. Retroceso y extinción del glaciar Ayoloco en el volcán Iztaccíhuatl entre 2012 y 2021. El concepto de extinción de un glaciar hace referencia a la nula regeneración del mismo en términos de su volumen y extensión, debido en este caso, a la ausencia de una zona de alimentación de precipitación sólida. Un glaciar se considera extinto cuando las condiciones de congelamiento en la zona se han dejado de mantener a lo largo del año y ha perdido capacidad de movimiento. Los remanentes de un glaciar pueden verse completamente agrietados y expuestos regularmente durante algunos años más debido a las nevadas que aún se pueden presentar en la zona.

Finalmente, ¿qué pasa con el cambio climático? El concepto de cambio climático definido por el IPCC nos dice que es la variación del estado del clima identificable (por ejemplo, mediante pruebas estadísticas) en las variaciones del valor medio y/o en la variabilidad de sus propiedades, que persiste durante largos períodos de tiempo, generalmente decenios o períodos más largos. El cambio climático puede deberse a procesos internos naturales o a forzamientos externos tales como modulaciones de los ciclos solares, erupciones volcánicas o cambios antropógenos persistentes de la composición de la atmósfera o del uso del suelo. Entonces, desde la perspectiva de la desaparición del glaciar Ayoloco, el cambio climático atribuible a este suceso de desequilibrio se puede ver reflejado en los decenios posteriores a dicha desaparición, pues el glaciar ya no se regeneró o preservó. Es decir, el cambio climático se verá reflejado en las variaciones del caudal de las escorrentías alimentadas por este glaciar y la infiltración del agua hacia los mantos acuíferos, la cobertura y tipo de vegetación en la montaña, las condiciones de temperatura, entre otros, los cuales serán forzados de manera externa por el cambio de uso de suelo en la zona donde antes había glaciar, por la alteración del balance radiativo que involucra las coberturas de hielo y nieve, la falta de captación de gases de efecto invernadero en el cuerpo de hielo, entre otros factores. Los tres glaciares que aún permanecen en el Iztaccíhuatl habrán de desaparecer inexorablemente, quedando sólo los dos glaciares en la montaña más alta de México, el volcán Citlaltépetl, pero lamentablemente, el panorama no es nada alentador. Según las últimas observaciones, la temperatura promedio en la zona está aumentando, siguiendo la tendencia del calentamiento global. El retroceso del glaciar en este volcán se alinea a dicha tendencia, así como la isoterma 0°C y la línea de equilibrio del glaciar se mueven hacia altitudes más elevadas (Cortés-Ramos et al., 2019). De seguir así, la desaparición de los últimos glaciares de México ocurriría antes de llegar a la primera mitad del siglo XXI.

Fuente principal: Cortés-Ramos Jorge, 2016. Determinación de los regímenes glaciales en los volcanes Citlaltépetl e Iztaccíhuatl: factores físicos del retroceso y evolución glacial en México. Tesis de Doctorado, Posgrado en Ciencias de la Tierra, UNAM. Ciudad de México, México.

El Proyecto de Aves Playeras Migratorias; una Década de Monitoreo Biológico en México

Desde hace 10 años, en el noroeste de México, el CICESE Unidad La Paz realiza monitoreo de aves playeras y sus hábitats, mediante el Proyecto de Aves Playeras Migratorias (http://migratoryshorebirdproject.org). El monitoreo es un componente crítico de cualquier proyecto de conservación, que permite medir los cambios en el número y condición de las aves acuáticas en cada sitio, detectar amenazas a las aves y sus hábitats y evaluar el éxito de las acciones de manejo. Con esos fines se desarrolló el programa de monitoreo de aves playeras más extenso de México y que este 2021 cumple sus primeros 10 años. El CICESE Unidad La Paz coordina este esfuerzo de monitoreo en 22 sitios prioritarios de México. Puesto que la mayoría de las aves playeras son especies migratorias y por lo tanto son recursos naturales compartidos entre varios países, su conservación requiere de la cooperación internacional y el esfuerzo coordinado entre los países del continente. Por eso, el monitoreo de las aves playeras y sus hábitats también se realiza en los sitios importantes de los 13 países del Corredor Migratorio del Pacífico, desde Alaska hasta Chile.

Cada año a mitad del invierno más de 50 voluntarios de 20 instituciones participantes llevan a cabo conteos de aves en parcelas fijas en cada humedal y donde además se documentan las condiciones del hábitat, perturbaciones humanas, presencia de aves rapaces y el tiempo.

En este año, en los sitios prioritarios de la península de Baja California hubo más de 80 mil aves playeras, de las cuales el pico pando canela (Limosa fedoa) y el playerito occidental (Calidris mauri) fueron las especies mas abundantes. Las actividades humanas han aumentado notablemente en la mayoría de los humedales y podrían impactar a las aves playeras y sus hábitats.

Los datos del monitoreo biológico y condiciones del hábitat se compilan en una base de datos llamada CADC y están disponible al público mediante dos aplicaciones en internet:

Contacto: epalacio@cicese.mx

Sismos y huracanes

Henriette-Cerralvo

La península de Baja California ofrece algunos de los paisajes más prístinos de México. Con una longitud de 1300 km y un ancho de (45-240) km, está separada del territorio continental de México por el Golfo de California (GoC, Sedlock, 2003). Tectónicamente, GoC es un sistema de rifting oblicuo que presenta una intensa sismicidad en el sistema de transformación. Además, esta región del mundo es propensa a ciclones tropicales como huracanes. Los huracanes del Pacífico azotaron la parte sur de la península de Baja California con mayor frecuencia durante la segunda mitad del siglo XX. Los huracanes impactan enormemente la parte sur de la península de agosto a septiembre. Durante los últimos quince años, catorce huracanes azotaron la península de Baja California. Algunos de ellos bajaron su fuerza al acercarse a la península, aterrizando como tormentas tropicales. A pesar de los avances en la prevención de desastres, hay muchos aspectos de los peligros naturales que aún son impredecibles. Debido a su comportamiento incierto, la mitigación y la respuesta de emergencia resultan ineficaces en muchas situaciones. Los terremotos y huracanes representan dos problemas importantes de prevención de desastres, que no siguen los protocolos complementarios de preparación para emergencias. En México, si se siente un terremoto o se recibe una alerta temprana, la mayoría de los planes de respuesta de emergencia requieren la evacuación de los edificios, mientras que, en presencia de huracanes, se recomiendan acciones opuestas. Surge una gran preocupación si ambos eventos coinciden. Presentamos un estudio de caso cuando el Terremoto de Cerralvo (Mw = 6.1) ocurrió el 1 de septiembre de 2007 cuando un Huracán de Categoría 1 (Henriette, 2007) azotó La Paz, Baja California, península durante la secuencia de réplicas. Durante la advertencia de huracán, varias réplicas golpearon la ciudad. Problemas adicionales empeoraron la situación ya que las estaciones sísmicas estaban fuera de comunicación porque las condiciones climáticas influyeron en la telemetría en tiempo real. Por lo tanto, no fue posible una ubicación precisa del terremoto y la ubicación preliminar de los epicentros de réplicas del Servicio Sismológico Nacional de México (SSN) fue inexacta.